Y de la nada, desperté. Como acusado por un despertador interno que me aconsejaba devenir la realidad tangible por sobre la inmaterial ensoñación. Me tomé un segundo para avivarme y acomodar mis sentidos. Aún aturdido por el letargo presioné mis párpados para abrir mis ojos con más fuerza y tomar esa dosis por vías oculares que me fue recetada por los leves rayos de luz que se colaban por entre las cortinas.
A mi izquierda, la cordillera de su figura se perfilaba perfectamente bajo el satín que cubría su cadera. Su cabello bruno y desordenado como noche de viento se escurría sobre sus hombros como cascadas de petróleo. La trinchera dibujada a media espalda producía sombras suaves que delineaban la perfecta curvatura de su osamenta y el terciopelo dorado casi imperceptible que la cubría brillaba a contraluz iluminando en destellos caprichosos. Agradecido ya con el despertador invisible que me aguzó seguí saboreando los contrastes más allá de los colores.
Queriendo ver aún más y tratando de mantenerla alejada de la conciencia interruptora, lentamente recorrí su envoltura hasta descubrir su universo. El espectáculo, sublime:
Aquel desplante con que enarbolaba sus excesos provocaban en mí poco menos que incredulidad. Quedé enajenado con la línea de su contorno con mi boca entreabierta y mis pupilas tan grandes y redondas como la luna adosada que me extasió. Los acentuados claroscuros provocaban el apetito del roce, el regocijo del tacto. Alargué mis dedos para robar un poco de su esplendor, sin embargo, por el bien del sigilo ahogué mis movimientos dejando la mano en el aire, a centímetros de su superficie, tan sólo acariciando su atmósfera.
A pesar del tinte profundamente erótico del momento no hubo livianidad. No prosperaron arrebatos ni sudoraciones pues las intenciones eran otras. En ese lapso tan sólo quería convertirme en admirador de la belleza. Vaya, mucho menos que eso: en un aprendiz, un diletante.
En un instante inmediato, su hombro giró hacia atrás revelándome el premio de los que esperan. La curvatura convidada se asomó al mismo tiempo que me quedé suspendido en el pasmo. Queriendo acariciar su aroma acerqué mi cara a su cúspide y cerré mis ojos para saborear su irradiación. Giré mi cara para que mi mejilla fuera besada por el calor de su cuerpo; mi cabeza bailaba al ritmo de sus palpitaciones. Estaba tan cerca de ella que podía sentir el movimiento de su sangre, y sin embargo tan sólo su esencia me tocaba, me envolvía.
Con los ojos aún cerrados, sonreí humilde y agradecido. Tomé el regalo que me fue concedido y lo disfruté. Luego, escabullí mi brazo izquierdo bajo su cuello, levantando un poco su cabello. Besé suavemente su hombro expuesto rompiendo la tregua del contacto. Me acurruqué junto a ella; adherí mi pecho contra su espalda y mis rodillas en sus corvas. Ella despertó levemente dándose cuenta de mis movimientos y reconociendo mis intenciones. Cooperó fundiendo aún más su espalda sobre mi pecho y con ello me hizo recordar lo mucho que le gusta dormir así. La abracé rendido al sueño, y agradecido con todas las pequeñas cosas que tuvieron que suceder para que este fuera un momento de esos que se coleccionan como fotografías a las que se les escribe algo bonito en la parte de atrás.
Tomado de: Blog Abierto
Cotesía: El Quejoso

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile.
Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico.-Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé - me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito. ¡Un hijo! Era lo último que deseaba.
Asi inicia Isabel Allende, escritora lationamericana, autora de novelas como la casa de los Espiritus (1982), un texto donde repasa su historia personal tejiendose como hilo central al sexo. Esta es la primer entrega de una estupenda serie de letras que son una delicia, por cuestiones de espacio sólo les damos un adelanto, esperando despierte como el olor a café por la mañana, las ganas de probarlo, de disfrutarlo, las ganas de más.
Siguiendo con la misma dinámica de ocasiones anteriores, envienos un correo a vengansetodos@gmail.com, siempre es un gusto saludarlos, asi, en cortito, o tambien pueden descargarlo en directo desde el siguiente link.
Un saludo enorme.
El siguiente escrito Steel lo dejo para Leonna, pero me pareció bastante bueno como para dejarlo solo como comentario
QUE RITMO QUIERES BAILAR? EN QUE PISTA? A QUE HR? SOLO VEO TU SILUETA DESPLAZARSE FRENTE A MI COMO SI FUERAS UN CISNE, TU CUELLO PERFECTO ES EL PUNTO ERÓGENO DE MI LENGUA, TE TOMO DE LA CINTURA,TE GIRO DOS VECES, CUANDO TOCO TU CADERA SIMPLEMENTE ME OLVIDO DE TODO, PERO TU AROMA DE MUJER FATAL ENVENENA MIS SENTIDOS, ACÁ ESTOY!! DEJA QUE TU CUERPO GIRE UNA, DOS,TRES VECES Y SUELTA UN SUSPIRO CUANDO TU CUERPO SE TALLE AL MIO, HUMMMMM! QUE DELICIA TUS PIES PARECEN VOLAR, APENAS Y SI TOCAN LA PISTA, PARECES UN ÁNGEL DE LA PERDICIÓN, QUE CON EL ENCANTO DE TU SOMBRA, TRASPASAS EL MURO VIRGINAL DE TODOS, VAMOS MUÑECA!! DEJATE LLEVAR POR ESE EROTISMO TAN PERFECTO QUE TE ENVIDIEN LAS DIOSAS, QUE SEPAN QUE EXISTES!!! Y TU LUJURIA SE DESBORDE Y QUE TODOS SE PONGAN DE PIE, CUANDO PASES CERCA DE ELLOS, QUE TU ESENCIA SE QUEDE PARA SIEMPRE EN SUS MENTES...JAJAJAAAAA ME RIÓ DE ESOS ILUSOS, QUE CON SOLO IMAGINARTE DESNUDA, TERMINAN NERVIOSOS, Y AL FINAL, DEJO QUE TU ENCANTO VIVA PARA SIEMPRE EN SUS MANOS Y EN SU MENTE, VAMOS CHIQUILLA, QUE TU CINTURA SEA EL INICIO DEL PECADO, HAZLOS PECADORES CON TUS MOVIMIENTOS DE CADERA...ASIIII QUE TE SIGO BAILANDO!!!!! UFFFF LEONNA LISTA PARA EL OTRO RITMO?
Cortesía: STEEL
Estimada Cristina:
Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario .... y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.
Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú.
seguir leyendo
Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina, de ocho a cuatro, o al móvil, hasta las once y estaré encantado de repasar la lista contigo.
Cosas que deseo conservar:
- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. también las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti.
Cosas que puedes conservar tu:
- Los silencios.
- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
- El sabor acre de los insultos y reproches.
- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
- Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
- Jorge y Cecilia… Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio, el coche, la casa, etc. solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:… objetos. Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado .... para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.
Afectuosamente, Roberto.
Carta Ganadora del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor.
Contacto
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